1.8.11

Harry Potter and the Deathly Hallows


Lo he pensando muchas veces pero por más que lo intento no soy capaz de recordar cuántos años tenía cuando leí por vez primera el primer libro de la heptalogía del niño que sobrevivió, Harry Potter y la piedra filosofal. Recuerdo bien, no obstante, el cumpleaños de una compañera del colegio a la que le regalaron los tres primeros libros juntos, con lo que ya nos posicionaríamos en el año 2000, mi más tierna infancia, con tan sólo 10 añitos de edad. Sé también que cuando mi hermana cumplió 11 años (ya en el año 2006) me hice pasar por el mismísimo Dumbledore, escribiéndole una carta de admisión a Hogwarts, tinta verde y sello incluido (aunque el plan no funcionó y mi hermana me consideró, simplemente, una freak de tomo y lomo).

Curiosidades aparte, podríamos considerar que hará 12 o 13 años que comenzase mi amistad con este pequeño mago. Fiel a la saga papelera desde siempre, jamás vi una película antes de haberme leído el libro. De hecho, cuando la primera película vio la luz, ya estaba yo con el cuarto de los libros (en la segunda lectura, probablemente) con lo cual no hubiera sido tampoco un tema conflictivo el reprimirse con las adaptaciones puesto que llevábamos todos ya un largo trecho de ventaja. No puedo decir que los libros de J. K. Rowling salvaran mi afición a la lectura de una muerte súbita pues, aunque no de manera exagerada, solía leer y solía gustarme bastante la lectura antes de Harry Potter hubiera existido en la mente de su creadora incluso (todo gracias a un librito chiquitito llamado Bala perdida, de Manuel Rivas, y a mi mamá, que fue quien me lo recomendó; a partir de ahí, llegaron gente como Sherlock Holmes o Hércules Poirot, entro otros muchos).

Eso sí, ningún otro libro hasta la fecha ha conseguido absorberme tanto como esta saga, jamás he tenido tantas ganas de leer un libro como cuando andaba con un Harry Potter entre las manos, jamás me he quedado hasta las cinco de la mañana para terminar un libro salvo que haya sido uno de ellos. Ahora bien, podría decirse que mi amor por los libros es directamente proporcional a mi aversión por las películas. Es normal, lo sé: siempre que lees un libro y ves su adaptación te llevas un chasco, lo hemos hablado ya millones de veces. Lo que me molesta es que hagan adaptaciones «libres», es decir, que cambien el texto, se lo inventen o lo supriman; que cambien los rasgos y características propias de algunos personajes... Soy consciente de que no puede irse línea por línea calcando los originales pues entonces las películas no serían más que facsímiles. Bien, pero una cosa es adaptar y otra cosa adaptar mal.

Después de ver la cuarta película tiré la toalla y empecé a verlas sin mucho rigor, bloqueando un poco todo mi conocimiento previo e intentando disfrutar de la película como producto independiente (pero no es nada fácil). Supongo que el dividir el séptimo libro en dos películas fue la gota que colmó el vaso pues era por todos sabido que la primera de las dos sería un poquito más complicada de digerir que la segunda, a no ser que fueras buscando un documental sobre paisajes de la Gran Bretaña profunda, en cuyo caso habías ido a dar con el filme perfecto. Pero no debemos olvidar que esto, hace ya tiempo, que se convirtió en una industria y su fin es sacar beneficios, como puede esperarse aunque no compartirse.

Sin embargo y pese a todo, esta segunda parte me gustó bastante, para mi grata sorpresa. Es decir, obviando el final de la saga y el epílogo, estuvo entretenida, lo máximo que podía conseguir teniendo en cuenta que había de acabar tal y como acaba el libro: de una manera flagrantemente cobarde. Pero no vamos a enfurecernos ni a indignarnos puesto que ya no tiene remedio: así son las cosas y así nos las han vendido y hay que apechugar como mejor se pueda. Pero creo que por lo que supone, por el dejar atrás más de una década lectora y un universo mágico inigualable, innumerables recuerdos y hechizos de nombres impronunciables le otorgaré un sin que sirva de precedente. Eso sí, de lo que nunca nadie podrá quejarse es de los actores que han encarnado durante todos estos años a todos y cada uno de los personajes de Harry Potter. ¡Viva Maggie Smith!

Y ya sólo me queda recomendar a aquellos que aún no hayan tenido el privilegio de haber leído los libros y que, por algún milagro de la vida, no hayan visto las películas que lean antes los originales, porque no se van a arrepentir. Son unos libros muy buenos y no merece la pena echarlos a perder por unas no tan buenas adaptaciones, en mi más humilde opinión. Por desgracia, presumo que ha debido de ser difícil mantenerse fuera del alcance del reguero de sangre que va dejando el cine y su onda expansiva pero, de verdad, sed fuertes y coged el primer libro, que os lo preste el vecino, vuestro primo o sobrino y empezad a leer y, en unos años, lo agradeceréis.

Ps. Ahora, mi intención es releer toda la saga en inglés (una vez termine 1984 y La hoguera de las vanidades, por lo menos) pero, mientras esperamos a que esto ocurra, aquí está mi más personal y subjetivo orden (de mayor amor a menor amor) de preferencia de los siete libros publicados por la escritora británica, todos ellos descansando en mi estantería.

01. Harry Potter y el cáliz de fuego
02. Harry Potter y el misterio del príncipe
03. Harry Potter y el prisionero de Azkabán
04. Harry Potter y la Órden del Fénix
05. Harry Potter y la piedra filosofal
06. Harry Potter y la cámara secreta
07. Harry Potter y las reliquias de la muerte

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